La Toná es el cante que narra todo lo que el pueblo gitano estaba sufriendo, aquí no hay guitarra, no hay palmas, el único instrumento es la voz (también se le conoce a "Palo Seco") y siempre siendo aliado del tiempo, en la Toná se habla de las persecuciones, ya que estaba prohibido que los gitanos hablaran en su dialecto que es el caló (zincaló o romaní español).
Si nos fijamos en el Árbol del Cante, en la misma rama de la Toná, se encuentra la Debla, la cual en caló significa Diosa; aquí se le canta a lo sobrenatural, como para para invocar la fertilidad del campo por ejemplo. En este cante también se basa en la pura voz, la diferencia con la Toná es la letra.
En la misma rama de la Toná, nos invita a uno de los oficios más característicos del pueblo gitano, en los talleres herreros de Cádiz, Jeréz, Sevilla y Triana encontramos la fragua que es el fogón donde se forjan los metales (es muy cierto que hasta los corazones de hierro ante el calor de una buena braza, se funden como el caramelo); el hierro es colocado en el yunque y al golpe del martillo, el metal se va templando hasta tomar la forma de herradura. De esta forma, La Toná tiene un encuentro con el compás del martillo, derivándose de éste, el nombre de Martinete.
Ya a mediados del siglo XX el bailaor Antonio “El Bailarín” al entrar en la fragua y descubrir este gran oficio y el arte con que los gitanos lo ejecutan; el artista decide llevarlo a los escenarios para que “El Mundo entero pueda ver la belleza de lo que es una fragua y cómo trabajan y cómo cantan los gitanos…” –Torombo.
Aquí el video de Antonio Ruíz Soler “El Bailarín” bailando por Martinete.
http://www.youtube.com/watch?v=3VrW_E8CL2E